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13 de junio de 2011

Un espectáculo piromusical en Valencia molesta lo justo

Chucho Sepulcre - Comunidad Valenciana

Ayer se celebró un bonito espectáculo de trueno y fuego ante el Palau de la Música de Valencia que logró su objetivo de molestar en su justa medida. Un total de trescientos kilos de pólvora repartidos entre carcasas de palmera y masclets, se hicieron sonar al ritmo de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak en un alarde de fusión piromusical de gran pretenciosidad y ritmo.

El funesto fasto de música y foc se programó en la tarde del jueves con motivo de un súbito cambio de humor de la alcaldesa, inducido por el final de su último episodio de estreñimiento que constreñía en sus trescientos metros de traca intestinal una arroba de calabaza asada, anguilas, ñoras, pollastre, habas, fessols, mejillones, queso rallado, costillas de cerdo, pasas, bombones, polvorones, fartones, buñuelos, coca de Matola, huevo duro, tortilla de patatas, tatin de manzana, cabezas de gamba y una alpargata azul.

Muy en la tradición de los espectáculos pirotécnicos valencianos, el de ayer pilló a todo el mundo por sorpresa lo cual, una vez más, tuvo el efecto deseado de dejar a la chusma indiferente.

“Jo vaix a tancar la finestra per a vórelo por televisión”, dijo Consuelo Doménech i Rotglà, propietaria de un piso muy aseadet en la calle Jacinto Benavente, desde el que goza de una panorámica envidiable de los focs doscientos días al año, sin contar los de las putas fallas. “En la tele no molesta tanto”, aclaró.

En la calle nadie se detuvo a contemplar la cacofónica sincronización de los zambombazos de Herederos de Burrull Pirotecnia S.L. con el scherzo molto vivace de la sinfonía, reproducida con estridencia metálica en mono por unos altoparlantes de comedor.

“Nosotros tenemos la ventaja de no oír nada por el sonido atronador de música y pólvora y por nuestra sordera profesional”, explicó Manel Casanova, uno de los operarios encargado de accionar cada tipo de ingenio pirotécnico en el momento preciso. Casanova, que tuvo una gran noche, confió en que el ruido infernal molestara un poco a la gente que estaba en sus casas tratando de concentrarse en otras cosas. “Dar por el culo es una parte esencial de la fiesta, aunque eso sí, respetando”.