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13 de junio de 2011

OPINIÓN: Los árabes pueden contar conmigo

BillBaker_bw

por Santos Maricarmen

LOS ACONTECIMIENTOS internacionales de las últimas semanas son de una gravedad extrema tanto por el ámbito territorial que estos abarcan como por las implicaciones que sin duda tendrán para el futuro del planeta. Los amantes de la democracia hemos vencido ya en Túnez, y por lo tanto dejo ese país del Magreb al margen. Demócratas uno, tiranos cero.

Pero, ¿y ahora qué? ¿por dónde empiezo? O mejor dicho, ¿por dónde sigo? Las revoluciones se solapan unas con otras y se me hace difícil afrontar tanta crisis de manera responsable y justa.

Sí, el espíritu de la plaza de Tahrir nos ayudó a acabar con Mubarak después de tres décadas de dictadura, pero ahora el Ejército tiene el poder y tenemos razones sobradas para sospechar de él. Sin duda, Egipto sigue necesitando de todo mi apoyo moral. Bueno, eso era hace unos días, cuando la revolución libia permanecía en un engañoso letargo del que ha despertado con trágica elocuencia.

Por más que me esfuerzo en recordar que Egipto merece un espaldarazo inequívoco y firme por mi parte, he de confesar que he dejado el tema un poco al margen para presionar en la medida de mis posibilidades por la libertad en Libia, y esperar que se declare de una vez por todas una zona de exclusión aérea en todo el territorio. Los libios se lo merecen y desde luego pueden contar conmigo para llevar al tirano al ostracismo.

Luego ya, cuando las aguas se hayan calmado y el barril Brent haya bajado de los cien dólares, podré prestar mi apoyo al reino de Bahrein, donde los chiíes lo están pasando francamente mal por ser una mayoría sometida. Sin duda este es el momento de los bahraníes. Ni ellos ni yo debemos dejarlo escapar.

Pero, sintiéndolo mucho, hasta el microestado del Golfo Pérsico tendrá que ponerse a la cola, pues me parece justo, y a los hechos me remito, dar prioridad a la situación en Yemen que es mucho más delicada de lo que pudiera parecer a simple vista.

En Yemen no vale decir, venga, venga, abajo con el tirano, porque ojito con Yemen. Mi actitud en el estado más pobre del mundo árabe es más de mano izquierda. Y no es que haga oídos sordos a su grito de libertad. Quiero que conste que apoyo los derechos individuales de los yemeníes, aunque quizá no esté tan dispuesto a permitir un cambio estructural, copernicano y sistémico así, de un plumazo.

Y mira que lo siento. Pero Yemen es un avispero de terroristas y la cuna del islamismo radical, y haré lo poco o mucho que esté en mi mano para que no acabe convertido en un pequeño Irán gobernado por una de esas cleptocracias de internautas con laptops y almorranas... palabra esta última de origen árabe, por cierto.