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13 de junio de 2011

Un apocalíptico incendio siembra Valencia de ilusión

Chucho Sepulcre - Matola

Las pavesas levantadas por el incendio que desde hace 48 horas arde en la provincia de Tarragona llegaron a noche a Valencia provocando diversos incendios que se extendieron fuera de control hasta formar una única y descomunal mónada de llamas y alegría.

"Para nosotros esto es como agua de mayo", dijo un señor que contemplaba la explosión de una gasolinera cercana a la calle Periodista Azzati. "Esa bola amarilla del centro no te la hace ninguna falla".

Según Protección Civil la ciudad ardió por completo desde la calle Inmundo Ferreres, en la Malvarrosa, hasta el parque de Viveros, reduciendo el eje de Blasco Ibáñez a cenizas. “Para nosotros el fuego es algo muy especial”, dijo Teresa Ysart, una procuradora del barrio del Ensanche que apremió a sus hijos a ponerse sus blusones falleros y a salir a la calle a toda prisa para participar de lo que acabó siendo una gran fiesta improvisada.

En algunas intersecciones se formaron pantagruélicos torbellinos de fuego que succionaban hacia sus lujuriosos vórtices coches, motocicletas y todo lo que pasara a media cuadra de distancia.

Ajenos a las atronadoras explosiones y a las mareas de fuego y destrucción que atravesaban la urbe, los vecinos aprovecharon el ambiente festivo para salir a la calle donde se hicieron paellas, calabazas asadas y generosas ollas de arros amb fessols y nabs.

“Los niños saben que no tienen que acercarse”, dijo Viçent Calatayud que vio arder su piso en la calle Onanista Ribera tomándose un vino con unos amigos del casal, mientras los chiquillos tiraban neumáticos al fuego. “De momento nos quedaremos en el piso de Pobla de Farnals y luego ya veremos”.

“Ha sido un espectáculo inolvidable”, dijo Ignasi Yuste poco después de dar un bofetón a su hijo Ricardo por mancharse las manos de hollín. “Los edificios arden muy bien, sobre todo estos de la zona antigua que son de materiales nobles y no hacen tanto humo negro”.

“Yo no tuve suerte”, comenta el repartidor de Telepizza Oswaldo Acevedo, huérfano probablemente después de que el cataclismo se cebara en el bloque de pisos donde vivía con su familia en la calle Pederasta Thomson. “Fui con unos colegas a ver arder el Ayuntamiento, pero cuando llegué a la plaza había tanto público mirando que apenas vi nada”.

Tras la destrucción del consistorio, la alcaldesa de Valencia Rita Barberá se vio obligada a trabajar desde casa, desde donde coordinó las labores de limpieza posteriores a la ígnea sorpresa.

“En un par de días, todo volverá a quedar muy aseadet”, dijo.