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13 de junio de 2011

Pone sus espermatozoides en un acuario y les echa de comer

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Gulliver Espronceda - Macastre

JUAN CARLOS VICENTE, un acuariófilo valenciano de 38 años de edad, incorporó ayer a su colección de peces tropicales una cantidad de entre 300 y 600 millones de espermatozoides de producción propia que mantiene en un acuario de 100 litros.

“Los tengo en una penumbra azulada a una temperatura de 35 grados centígrados y en una solución ligeramente alcalina, que es el medio natural en que estos peces contrarrestan el pH ácido del entorno vaginal”, explicó Juan Carlos a este periódico.

Juan Carlos lleva experimentando con semen en cautividad desde hace un lustro y asegura que en un medio adecuado “estos peces, no opuestos a los llamados monos de mar, pueden sobrevivir más allá de las 72 horas”.

“Ahora el desafío es hacerlos crecer”, asegura Juan Carlos ante el inanimado tanque de agua con gravilla, equipado con cuatro filtros de esquina pequeños y un filtro rápido de carbono, más grande, colocado en el centro del recipiente.

Juan Carlos cuenta con una de las colecciones más importante de peces carácidos de España, y ha conseguido criar miles de ejemplares de delicadas especies tropicales, como el neón tetra cardenal, el pez lápiz o el pez hacha, entre otros.

“Si lo piensas los espermatozoides no son tan distintos a los alevines, aunque hay que tener en cuenta algunas diferencias”, dijo. “Dado que no tienen boca, la idea es estimular su desarrollo con proteínas, lípidos y oligoelementos diluidos en el agua que penetren al interior a través de su fina membrana”.

Juan Carlos está probando con diversas fórmulas de nutrición y asegura que no pierde la esperanza de producir a medio plazo ejemplares de hasta tres kilos. “La explotación acuícola industrial de los espermatozoides no es una utopía”, dijo. “No nos extrañemos si de aquí a cinco años empezamos a verlos en las pescaderías”.