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13 de junio de 2011

“Me suda la polla” y “de la hostia” dejarán de ser consideradas locuciones malsonantes

dictionary2Mara Pompidou - Madrid

LOS PADRES DEL LENGUAJE, una entidad formada por diversas instituciones culturales del ámbito iberoamericano, han decidido levantar la moratoria al uso de diversas locuciones consideradas tabú o, sencillamente, malsonan- tes, como “me cago en la puta”, “joder”, “de la hostia”, “coño”, “coñazo”, “me suda la polla” y “y su puta madre”; en lo sucesivo se les deberá dar prioridad sobre sus locuciones equivalentes como, “caramba”, “vaya por Dios”, “mecachis”, “uy”, “aburrimiento”, “me da igual” y “etcétera”, respectivamente.

“Si bien es cierto que estas jergas están enraizadas en los bajos fondos y arrabales, hemos de reconocer que su uso se ha extendido a todas las esferas de la sociedad”, dijo Carlos Gágar Meñique, director de esta entidad que engloba a los ministerios de cultura de veinte naciones hispano parlantes, a la Real Academia de la Lengua, al Instituto Cervantes y a su puta madre. “Por ello, hemos determinado que estas palabras, vacías ya de su significado original, se puedan usar tranquilamente en ámbitos formales, académicos y de negocios”, explicó Gágar.

“Sabemos que habrá personas a quienes esta medida les resulte un tanto, digamos, áspera”, dijo la vicesecretaria de los Padres del Lenguaje, Doña Paloma O’Shea. “Pero creemos que estas alturas del siglo XXI va siendo hora de que les sude la polla”.

Los Padres del Lenguaje han excluido de esta moratoria otras expresiones, como “me cago en tus muertos”, “me da por culo” y “pierde aceite”, que seguirán siendo tabú y poco recomendables en los memorandos de empresa, artículos de opinión, discursos y libros de texto.

Por el contrario, palabras y frases que hasta hoy eran consideradas inofensivas, entrarán en la lista negra. A partir de ahora, por ejemplo, no se podrá decir “tú mismo”, una frase que para Gágar Meñique encierra “una violencia semántica de la hostia” y que debe por tanto ser evitada a toda costa.

Tú mismo es una oración terriblemente insidiosa, que nos ordena sin verbo y que, desde el punto de vista del significado, camufla una intención de sometimiento bajo una falsa apariencia de generosidad”, explicó Gágar. “Estos son precisamente los aspectos del lenguaje que menos nos deben sudar la polla”.