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13 de junio de 2011

Un señor se arrepiente de un acto de altruismo

El Garrofer - Massalfassar

JACINTO DOMÍNGUEZ de Mier hizo ayer la compra a una señora rumana en paro que mantiene a un hijo de dos años y a una madre enferma, un noble acto que le pesa profundamente. "Iba a devolver unas películas de vídeo y me salió al paso con el típico 'señior, por favor, tengo hambre'", relata Domínguez de Mier en nuestra redacción. "Me dijo que estaba enferma, pero no me lo pareció, aunque sí es cierto que tenía los labios muy secos", recuerda.

"Desandé dos manzanas con la señora para hacerle la compra y de camino al supermercado me dijo que estaba separada y sin trabajo", comenta este técnico de Ono de 43 años de edad y padre de cuatro hijos. "Decidí ayudar, ser solidario, enrollarme de cojones".

Domínguez de Mier (no está emparentado con Álvar ni con Isaías de Mier, ni éstos entre sí) actúo como si fuera de compras con su propia mujer. Sacó un carrito y recorrió los pasillos del establecimiento preguntando a la señora rumana qué cosas le hacían falta.

"La verdad es que fue discreta y eligió marcas blancas y de primera necesidad", nos dice. Según el propio Domínguez, la joven rumana cogió dos kilos de magro de cerdo picado, un bidón de cinco litros de aceite de girasol, gel de baño hidratante para el niño (también marca consum), además de un paquete de rollos de papel higiénico, unas latas de tomate frito y cinco kilos de harina. "Cuando le dije que yo también hacía pan en casa me preguntó si también era pobre", dice el benévolo a su pesar Jacinto.

"La verdad es que no me siento mejor, sino peor, ¡mierda!", comenta este hombre de gran conciencia social y escaso corazón. "Y no es que quisera sacar ningún provecho de esa mujer pero, después del tiempo perdido y la cuenta de treinta y pico de euros, me sentí como un imbécil".

Domínguez de Mier recuerda cómo, ya invadido por la sensación de estupidez, le dio su bonobús a "esa gitanaza de ojos negros" para hacer el viaje de vuelta hasta el barrio del Cabañal. "No pude decirle que no", relata atormentado por el sentimiento de haberse comportado como un auténtico oligofrénico. "Cuando quiso darme las gracias por todo por enésima vez, me di media vuelta y me largué sin decir adiós".