
A los nueve años, sin embargo, decide recluirse en una casa rural de Wall Street con otros seiscientos mil anacoretas de distintas etnias y estratos sociales, una experiencia que él mismo califica de "very exciting". Tras una breve estancia en la Casa Blanca como presidente de los Estados Unidos, Ginés regresa a su entrañable kibutz con un petate lleno de salchichones, que reparte generosamente entre sus hermanos. Actualmente, acompaña a su madre a la plaza del mercado porque la familia ha crecido y ella sola ya no puede con las bolsas.